Compañeros.
Veo un detalle interesante desde una perspectiva más analítica: el nombre debería sostenerse no solo por cómo suena, sino por la promesa que comunica.
Si el hotel quiere atender tanto a ejecutivos como a turistas nacionales, conviene elegir un concepto que no limite la percepción del servicio. Un nombre demasiado asociado a vacaciones puede alejar al viajero corporativo, y uno excesivamente empresarial puede perder atractivo en temporadas de descanso.
Yo haría una pequeña matriz con tres criterios: facilidad para recordar, diferenciación frente a la competencia y posibilidad de crecer en el futuro (por ejemplo, si más adelante incorporan restaurante, salas de reuniones o una segunda sede). Ese ejercicio suele ayudar a tomar una decisión con menos subjetividad.