Hola
Aquí haría una distinción que me parece bastante útil: una cosa es que un nombre sea atractivo y otra que tenga capacidad real de convertirse en un activo de la empresa.
Yo lo analizaría como una pequeña evaluación técnica: ¿qué riesgos tiene?, ¿qué tan diferenciable es?, ¿puede generar confusión con otras marcas?, ¿funciona en los mercados donde eventualmente se quiere vender?
También revisaría algo que suele pasarse por alto: la coherencia entre el nombre elegido y el posicionamiento que se pretende construir. Si la propuesta habla de fabricación artesanal, durabilidad o materiales técnicos, por ejemplo, el nombre debería poder convivir con esa promesa sin crear una expectativa completamente distinta.
En otras palabras, antes de enamorarse del nombre, conviene someterlo a una especie de “prueba de resistencia”. Si sobrevive al análisis comercial, legal y estratégico, entonces sí merece pasar a la siguiente etapa.